En los montes, los valles y
collados,
de animales poblados,
se introdujo la peste de tal
modo,
que en un momento lo inficiona
todo.
Allí, donde su corte el León
tenía,
mirando cada día
las cacerías, luchas y carreras
de mansos brutos y de bestias
fieras,
se veían los campos ya cubiertos
de enfermos miserables y de
muertos.
«Mis amados hermanos,
exclamó el triste Rey, mis
cortesanos,
ya véis que el justo cielo nos
obliga
a implorar su piedad, pues nos
castiga
con tan horrenda plaga:
Tal vez se aplacará con que se le
haga
sacrificio de aquel más
delincuente,
y muera el pecador, no el inocente.
Confiese todo el mundo su pecado.
Yo, cruel, sanguinario, he
devorado
inocentes corderos,
ya vacas, ya terneros,
y he sido, a fuerza de delito
tanto,
de la selva terror, del bosque
espanto.»
«Señor, dijo la Zorra, en todo
eso
no se halla más exceso
que el de vuestra bondad, pues
que se digna
de teñir en la sangre ruin,
indigna,
de los viles cornudos animales
los sacros dientes y las uñas
reales.»
Trató la corte al Rey de
escrupuloso.
Allí del Tigre, de la Onza[7]
y Oso
se oyeron confesiones
de robos y de muertes a millones;
mas entre la grandeza, sin
lisonja,
pasaron por escrúpulos de monja.
El Asno, sin embargo, muy confuso
prorrumpió: «Yo me acuso
que al pasar por un trigo este
verano,
yo hambriento y él lozano,
sin guarda ni testigo,
caí en la tentación: comí del
trigo.»
«¡Del trigo! ¡y un jumento!
gritó la Zorra, ¡horrible
atrevimiento!»
Los cortesanos claman: «Éste,
éste
irrita al cielo, que nos da la
peste.»
Pronuncia el Rey de muerte la
sentencia.
Y ejecutóla el Lobo a su
presencia.
Te juzgarán virtuoso
si eres, aunque perverso, poderoso;
y aunque bueno, por malo detestable,
cuando te miran pobre y miserable.
Esto hallará en la corte quien la vea,
y aún en el mundo todo. ¡Pobre Astrea![8]
[6] Tras la degeneración del barroco en las postrimerías del siglo XVII y principios del siblo XVIII, Góngora sobre todo fue cordialmente detestado por los neoclásicos, que cifraban su ideal literario en la claridad. <<
[7] Jaguar. La métrica del verso exige eliminar la sinalefa entre la y Onza. <<
[8] Diosa de la Justicia, en la mitología romana. Hija de Júpiter y Temis, permaneció en la tierra durante la mítica Edad de Oro y volvió al Olimpo cuando el crimen apareció en la tierra. Esta lograda fábula de Samaniego, sarcástica y emotiva, es un excelente alegato contra la tiranía y la injusticia. <<
[7] Jaguar. La métrica del verso exige eliminar la sinalefa entre la y Onza. <<
[8] Diosa de la Justicia, en la mitología romana. Hija de Júpiter y Temis, permaneció en la tierra durante la mítica Edad de Oro y volvió al Olimpo cuando el crimen apareció en la tierra. Esta lograda fábula de Samaniego, sarcástica y emotiva, es un excelente alegato contra la tiranía y la injusticia. <<

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