miércoles, 3 de enero de 2018

La Mona corrida

Fieras, aves y peces
corren, vuelan y nadan[1] ,
porque Júpiter sumo
a general congreso a todos llama.
Con sus hijos se acercan,
y es que un premio señala
para aquel cuya prole
en hermosura lleve la ventaja.
El alto regio trono
la multitud cercaba,
cuando en la concurrencia
se sentía decir: la Mona falta.
«Ya llega», dijo entonces
una habladora urraca,
que, como centinela,
en la alta punta de un ciprés estaba.
Entra rompiendo filas,
con su cachorro ufana,
y ante el excelso trono
el premio pide de hermosura tanta.
El dios Júpiter quiso,
al ver tan fea traza,
disimular la risa,
pero se le soltó la carcajada.
Armóse en el concurso
tal burla y algazara,
que corrida la Mona,
a Tetuán[2] se volvió desengañada.
¿Es creíble, señores,
que yo mismo pensara
en consagrar a Apolo
mis versos, como dignos de su gracia?
Cuando, por mi fortuna,
me encontré esta mañana,
continuando mi obrilla,
este cuento moral, esta patraña,
yo dije a mi capote:
¡Con qué chiste, qué gracia
y qué vivos colores
el jorobado Esopo me retrata!
Mas ya mis producciones
miro con desconfianza,
porque aprendo en la Mona
cuánto el ciego amor propio nos engaña.

[1] Estos dos primeros versos tienen una perfecta estructura paralelística, cosa curiosa por cuanto es uno de los recursos más netamente barrocos y frecuentemente utilizado por Góngora. A cada sujeto del primer verso corresponde un predicado del segundo: fieras/corren; aves/vuelan; peces/nadan. <<
[2] Tetuán, la ciudad marroquí del N de África, ha sido en la literatura española centro privilegiado para colocar monas. <<

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