Una Zorra, cazando,
de corral en corral iba saltando;
a favor de la noche, en una aldea
oye al gallo cantar: maldito sea.
Agachada y sin ruido,
a merced del olfato y del oído,
marcha, llega, y oliendo a un
agujero,
«Este es», dice, y se cuela al
gallinero.
Las aves se alborotan, menos una,
que estaba en cesta como niño en
cuna,
enferma gravemente.
Mirándola la Zorra astutamente,
la pregunta: «¿Qué es eso,
pobrecita?
¿Cuál es tu enfermedad? ¿Tienes
pepita [11]?
Habla; ¿cómo la pasas, desdichada?»
La enferma la responde
apresurada:
«Muy mal me va, señora, en este
instante;
muy bien si usted se quita de
delante.»
Cuántas veces se vende un enemigo,
como gato por liebre, por amigo;
al oír su fingido cumplimiento,
respondiérale yo para escarmiento:
«Muy mal me va, señor, en este instante;
muy bien si usted se quita de delante.»
[11] «Es también una enfermedad que da a las gallinas en la lengua: y es un tumorcillo, que las embaraza y las enronquece, y no las deja cacarear» (Dic. Aut.). <<
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