miércoles, 3 de enero de 2018

El parto de los Montes



Con varios ademanes horrorosos
los Montes de parir dieron señales;
consintieron los hombres temerosos
ver nacer los abortos más fatales.
Después que con bramidos espantosos
infundieron pavor a los mortales,
estos Montes, que al mundo estremecieron,
un ratoncillo fue lo que parieron [20].
Hay autores que en voces misteriosas
estilo fanfarrón y campanudo
nos anuncian ideas portentosas;
Pero suele a menudo
ser el gran parto de su pensamiento,
después de tanto ruido sólo viento.
 [20] La única octava real que hay en todas las fábulas de Samaniego. Colocada con indudable intencionalidad expresiva, es un ejemplo excelente de la colaboración fondo/forma. La octava rima es la estrofa típica de la epopeya; Samaniego abre con ella el aparente relato épico de ese trascendental parto de ridículo, para subrayar la ironía del resultado. <<

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