Desde el gran Zapirón, el blanco y rubio,
que después de las aguas del diluvio
fue padre universal de todo gato [12],
ha sido Miauragato
quien más sangrientamente
persiguió a la infeliz ratona
gente.
Lo cierto es que, obligada
de su persecución la desdichada,
en Ratópolis tuvo su congreso.
Propuso el elocuente Roequeso
echarle un cascabel, y de esa
suerte
al ruido escaparían de la muerte.
El proyecto aprobaron uno a uno,
¿Quién lo ha de ejecutar? eso
ninguno.
«Yo soy corto de vista. Yo muy
viejo.
Yo gotoso», decían. El concejo
se acabó como muchos en el mundo.
Proponen un proyecto sin segundo:
Lo aprueban: hacen otro. ¡Qué portento!
Pero ¿la ejecución? Ahí está el cuento.
[12] El texto en cursiva lo tomó Samaniego de La Gatomaquia, de Lope de Vega:
«¿Yo no soy Micifuf? ¿Yo no desciendo
por línea recta, que probar pretendo,
de Zapirón, el gato blanco y rubio
que después de las aguas del diluvio
fue padre universal de todo gato?» (Silva III, vv. 205-209),
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