Un hombre, mordido por un perro, iba de un lado a
otro buscando quien lo curara. Como alguien le dijera
que lo que debía hacer era untar la sangre con pan y
echárselo al perro que lo había mordido, respondiendo
dijo: «Pero si hago eso, forzosamente me morderán
todos los perros de la ciudad».
Así también, cuando es halagada la maldad de los
hombres, aún más se les anima a cometer daño.
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