En cierta ocasión una pulga preguntó así al buey:
«¿Qué te ha pasado para que diariamente sirvas como
un esclavo a los hombres, siendo tan grande y
valeroso, si soy yo quien desgarra sus carnes y bebe
con avidez su sangre?». Y el buey: «No soy
desagradecido con la raza de los mortales, pues ellos
me aman y me quieren sobremanera y con frecuencia
me frotan en la frente y en el lomo». Y ella: «Pero para
mí, desdichada, ese frote grato para ti, es un destino
lamentable si es que por casualidad me alcanza».
Los que fanfarronean de palabra son derrotados
hasta por el humilde.
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domingo, 7 de enero de 2018
La pulga y el hambre
En cierta ocasión una pulga no hacía más que
molestar a uno. Al atraparla le dijo: «¿Quién eres tú
que te alimentas de todos mis miembros, picándome a
la ligera y sin motivo?». Ella gritó: «Así vivimos, no
me mates, pues no puedo hacerte un gran mal». Él,
riéndose, le dijo así: «En un momento estarás muerta
con mis propias manos, pues no conviene en absoluto
que surja en modo alguno ningún mal, ni pequeño ni
grande».
La fábula muestra que no conviene compadecerse
del malo, grande o pequeño.
molestar a uno. Al atraparla le dijo: «¿Quién eres tú
que te alimentas de todos mis miembros, picándome a
la ligera y sin motivo?». Ella gritó: «Así vivimos, no
me mates, pues no puedo hacerte un gran mal». Él,
riéndose, le dijo así: «En un momento estarás muerta
con mis propias manos, pues no conviene en absoluto
que surja en modo alguno ningún mal, ni pequeño ni
grande».
La fábula muestra que no conviene compadecerse
del malo, grande o pequeño.
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Fábulas de Esopo (Gredos)
La pulga y el atleta
En cierta ocasión una pulga dio un salto y se posó
en el pie de un atleta enfermo y, al saltar, le produjo
una picadura. Él, muy irritado, se disponía a aplastar a
la pulga con sus uñas. Pero ella con un impulso dio un
salto natural y, alejándose, escapó de la muerte. El
atleta, enojado, dijo: «Heracles, cuando me auxilias así
con una pulga, ¿cómo vas a ser un colaborador contra
mis rivales?».
Por lo tanto, la fábula también a nosotros nos
enseña que no debemos invocar enseguida a los dioses
para asuntos de poca importancia y sin riesgo, sino
para las necesidades mayores.
en el pie de un atleta enfermo y, al saltar, le produjo
una picadura. Él, muy irritado, se disponía a aplastar a
la pulga con sus uñas. Pero ella con un impulso dio un
salto natural y, alejándose, escapó de la muerte. El
atleta, enojado, dijo: «Heracles, cuando me auxilias así
con una pulga, ¿cómo vas a ser un colaborador contra
mis rivales?».
Por lo tanto, la fábula también a nosotros nos
enseña que no debemos invocar enseguida a los dioses
para asuntos de poca importancia y sin riesgo, sino
para las necesidades mayores.
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Fábulas de Esopo (Gredos)
El loro y la comadreja
Un hombre que había comprado un loro lo llevó a
vivir a su casa. El loro, como animal manso que es,
saltó sobre el hogar y se posó en él, y desde allí gritaba
alegremente. Una comadreja, al verlo, le preguntó
quién era y de dónde había venido. El loro dijo: «El
amo me ha comprado hace poco». «Y bien —dijo
ella— tú, el más osado de los animales, un recién
llegado, gritas de tal manera, cuando a mí, nacida en la
casa, los amos no me lo permiten, sino que, si en
alguna ocasión lo hago, se enfadan y me echan.» El
respondió: «Señora de la casa, márchate lejos, pues los
amos no se enfadan del mismo modo con mi voz que
con la tuya».
La fábula es oportuna contra un hombre criticón
que intenta siempre echar las culpas a otros.
vivir a su casa. El loro, como animal manso que es,
saltó sobre el hogar y se posó en él, y desde allí gritaba
alegremente. Una comadreja, al verlo, le preguntó
quién era y de dónde había venido. El loro dijo: «El
amo me ha comprado hace poco». «Y bien —dijo
ella— tú, el más osado de los animales, un recién
llegado, gritas de tal manera, cuando a mí, nacida en la
casa, los amos no me lo permiten, sino que, si en
alguna ocasión lo hago, se enfadan y me echan.» El
respondió: «Señora de la casa, márchate lejos, pues los
amos no se enfadan del mismo modo con mi voz que
con la tuya».
La fábula es oportuna contra un hombre criticón
que intenta siempre echar las culpas a otros.
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Fábulas de Esopo (Gredos)
Las ollas
Un río arrastraba una olla de barro y otra de bronce.
La de barro decía a la de bronce: «Nada lejos de mí y
no cerca, pues si tú te me acercas me romperé y
también si yo te toco sin querer».
La vida es insegura para un pobre que vive cerca de
un soberano ladrón.
La de barro decía a la de bronce: «Nada lejos de mí y
no cerca, pues si tú te me acercas me romperé y
también si yo te toco sin querer».
La vida es insegura para un pobre que vive cerca de
un soberano ladrón.
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Fábulas de Esopo (Gredos)
Las ocas y las grullas
Ocas y grullas comían en el mismo prado. Se les
aparecieron unos cazadores y las grullas, que eran
ligeras, echaron a volar. Las ocas, rezagadas por la
pesadez de sus cuerpos, fueron capturadas.
Así, también entre los hombres, cuando se produce
una guerra en la ciudad, los pobres, ligeros de peso,
fácilmente se mantienen a salvo al huir de una ciudad a
otra y continúan siendo libres; sin embargo, los ricos,
al quedarse por el exceso de sus bienes, muchas veces
son esclavizados.
aparecieron unos cazadores y las grullas, que eran
ligeras, echaron a volar. Las ocas, rezagadas por la
pesadez de sus cuerpos, fueron capturadas.
Así, también entre los hombres, cuando se produce
una guerra en la ciudad, los pobres, ligeros de peso,
fácilmente se mantienen a salvo al huir de una ciudad a
otra y continúan siendo libres; sin embargo, los ricos,
al quedarse por el exceso de sus bienes, muchas veces
son esclavizados.
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La tortuga y la liebre
Una tortuga y una liebre discutían sobre su rapidez.
Y, tras fijar fecha y lugar, se separaron. Así pues, la
liebre, despreocupándose de la carrera, confiada en su
rapidez natural, se echó junto al camino y se puso a
dormir. La tortuga, consciente de su propia lentitud, no
dejó de correr y así, sobrepasando a la liebre que
dormía, alcanzó el premio de la victoria.
La fábula muestra que muchas veces el trabajo
vence a una naturaleza despreocupada.
Y, tras fijar fecha y lugar, se separaron. Así pues, la
liebre, despreocupándose de la carrera, confiada en su
rapidez natural, se echó junto al camino y se puso a
dormir. La tortuga, consciente de su propia lentitud, no
dejó de correr y así, sobrepasando a la liebre que
dormía, alcanzó el premio de la victoria.
La fábula muestra que muchas veces el trabajo
vence a una naturaleza despreocupada.
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La tortuga y el águila.
Una tortuga pidió a un águila que le enseñara a
volar. Aunque ésta le advirtió que eso excedía a su
naturaleza, aquélla insistió en su petición. Así pues, la
cogió con sus garras y se la llevó a las alturas, luego la
soltó. La tortuga cayó sobre una roca y se destrozó.
La fábula muestra que muchos se dañan a sí
mismos por no hacer caso, en su afán de porfiar, a los
más prudentes.
volar. Aunque ésta le advirtió que eso excedía a su
naturaleza, aquélla insistió en su petición. Así pues, la
cogió con sus garras y se la llevó a las alturas, luego la
soltó. La tortuga cayó sobre una roca y se destrozó.
La fábula muestra que muchos se dañan a sí
mismos por no hacer caso, en su afán de porfiar, a los
más prudentes.
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La golondrina que presumía y la corneja
La golondrina dijo a la corneja: «Yo soy virgen y
ateniense, princesa e hija del rey de Atenas» y añadió
el episodio de Tereo, la violación y la amputación de la
lengua. Y la corneja dijo: «¿Qué habrías hecho si
hubieras tenido lengua, cuando hablas tanto con la
lengua cortada?».
Los que presumen de palabra, ellos mismos, al
mentir, se contradicen.
ateniense, princesa e hija del rey de Atenas» y añadió
el episodio de Tereo, la violación y la amputación de la
lengua. Y la corneja dijo: «¿Qué habrías hecho si
hubieras tenido lengua, cuando hablas tanto con la
lengua cortada?».
Los que presumen de palabra, ellos mismos, al
mentir, se contradicen.
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La golondrina y los pájaros
Nada más brotar el muérdago, una golondrina se
dio cuenta del riesgo que amenazaba a las aves y,
habiendo reunido a todos los pájaros, les aconsejó que,
mejor que nada, cortasen las encinas donde se produce
el muérdago; y si eso no les era posible, que se
refugiasen en los hombres y les suplicasen que no
utilizaran el poder del muérdago para capturarlos.
Riéndose éstos de sus tonterías, ella se fue a suplicar
ayuda a los hombres. Éstos la acogieron por su
sagacidad y hasta la aceptaron como convecina. Así
ocurrió que los hombres cazan y se comen a los
restantes pájaros, pero sólo la golondrina, como
protegida, anidaba sin miedo en sus casas.
La fábula muestra que los que prevén el porvenir
naturalmente apartan de sí los peligros.
dio cuenta del riesgo que amenazaba a las aves y,
habiendo reunido a todos los pájaros, les aconsejó que,
mejor que nada, cortasen las encinas donde se produce
el muérdago; y si eso no les era posible, que se
refugiasen en los hombres y les suplicasen que no
utilizaran el poder del muérdago para capturarlos.
Riéndose éstos de sus tonterías, ella se fue a suplicar
ayuda a los hombres. Éstos la acogieron por su
sagacidad y hasta la aceptaron como convecina. Así
ocurrió que los hombres cazan y se comen a los
restantes pájaros, pero sólo la golondrina, como
protegida, anidaba sin miedo en sus casas.
La fábula muestra que los que prevén el porvenir
naturalmente apartan de sí los peligros.
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La golondrina y la corneja que disputaban sobre su belleza
Una golondrina y una corneja disputaban sobre su
belleza. La corneja tomó la palabra y le dijo: «Tu
belleza florece en la estación primaveral; mi cuerpo, en
cambio, se mantiene en perfecta forma incluso en
invierno».
La fábula muestra que la larga duración del cuerpo
es mejor que su belleza.
belleza. La corneja tomó la palabra y le dijo: «Tu
belleza florece en la estación primaveral; mi cuerpo, en
cambio, se mantiene en perfecta forma incluso en
invierno».
La fábula muestra que la larga duración del cuerpo
es mejor que su belleza.
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La golondrina y la serpiente
Una golondrina que había anidado en un tribunal
echó a volar; una serpiente, deslizándose, devoró a sus
crías. Al regresar aquélla y encontrar el nido vacío se
lamentaba con gran dolor. Otra golondrina intentó
consolarla y le dijo que no era ella la primera que
había perdido sus crías; la otra le contestó: «No lloro
tanto por mis hijos como porque me han agraviado en
este lugar en el que logran ayuda los que reciben
agravios».
La fábula muestra que muchas veces son más
difíciles las desgracias para los que las sufren cuando
son provocadas por quienes menos lo esperan.
echó a volar; una serpiente, deslizándose, devoró a sus
crías. Al regresar aquélla y encontrar el nido vacío se
lamentaba con gran dolor. Otra golondrina intentó
consolarla y le dijo que no era ella la primera que
había perdido sus crías; la otra le contestó: «No lloro
tanto por mis hijos como porque me han agraviado en
este lugar en el que logran ayuda los que reciben
agravios».
La fábula muestra que muchas veces son más
difíciles las desgracias para los que las sufren cuando
son provocadas por quienes menos lo esperan.
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El invierno y la primavera
El invierno se burló de la primavera y le echó en
cara que en cuanto aparecía ya nadie estaba tranquilo,
sino que el uno iba a los prados y bosques, al que le
era grato cortar flores y lirios o incluso mecer una rosa
ante sus ojos y ponérsela en el pelo; otro, subiendo en
una nave y surcando el mar, va, si se tercia, a ver a
otros hombres; y que ya nadie se preocupa de los
vientos o de la mucha agua de las lluvias. «Yo —
dijo— me parezco a un jefe y a un soberano y ordeno
mirar no al cielo, sino hacia abajo, hacia el suelo y
obligo a tener miedo y a temblar y, a veces, a pasar el
día en casa a gusto.» «Por eso —dijo la primavera—
los hombres gustosamente se librarían de ti; de mí, en
cambio, incluso el propio nombre les parece que es
hermoso, y ¡por Zeus!, el más hermoso de los
nombres, de modo que cuando me voy me añoran y
están flamantes cuando aparezco.»
cara que en cuanto aparecía ya nadie estaba tranquilo,
sino que el uno iba a los prados y bosques, al que le
era grato cortar flores y lirios o incluso mecer una rosa
ante sus ojos y ponérsela en el pelo; otro, subiendo en
una nave y surcando el mar, va, si se tercia, a ver a
otros hombres; y que ya nadie se preocupa de los
vientos o de la mucha agua de las lluvias. «Yo —
dijo— me parezco a un jefe y a un soberano y ordeno
mirar no al cielo, sino hacia abajo, hacia el suelo y
obligo a tener miedo y a temblar y, a veces, a pasar el
día en casa a gusto.» «Por eso —dijo la primavera—
los hombres gustosamente se librarían de ti; de mí, en
cambio, incluso el propio nombre les parece que es
hermoso, y ¡por Zeus!, el más hermoso de los
nombres, de modo que cuando me voy me añoran y
están flamantes cuando aparezco.»
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Fábulas de Esopo (Gredos)
La cigarra y las hormigas
En invierno las hormigas secaban el grano mojado.
Una cigarra hambrienta les pidió comida. Las
hormigas le dijeron: «¿Por qué durante el verano no
recogiste comida también tú?». Ésta dijo: «No
holgaba, sino que cantaba melodiosamente». Ellas,
riéndose, dijeron: «Pues si en verano cantabas, baila
ahora».
La fábula muestra que no debe uno descuidarse en
ningún asunto, para no afligirse y correr peligro.
Una cigarra hambrienta les pidió comida. Las
hormigas le dijeron: «¿Por qué durante el verano no
recogiste comida también tú?». Ésta dijo: «No
holgaba, sino que cantaba melodiosamente». Ellas,
riéndose, dijeron: «Pues si en verano cantabas, baila
ahora».
La fábula muestra que no debe uno descuidarse en
ningún asunto, para no afligirse y correr peligro.
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El herrero y el perrito
Un herrero tenía un perro que dormía mientras él
trabajaba; a la hora de comer, en cambio, despertaba y
se le ponía a su lado. El herrero, echándole un hueso,
le dijo: «¡Desgraciado, dormilón!, cuando golpeo el
yunque, duermes; pero cuando muevo los dientes,
enseguida despiertas».
La fábula censura a los dormilones y perezosos, y
que comen de los trabajos ajenos.
trabajaba; a la hora de comer, en cambio, despertaba y
se le ponía a su lado. El herrero, echándole un hueso,
le dijo: «¡Desgraciado, dormilón!, cuando golpeo el
yunque, duermes; pero cuando muevo los dientes,
enseguida despiertas».
La fábula censura a los dormilones y perezosos, y
que comen de los trabajos ajenos.
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El avaro
Un avaro que había convertido en dinero toda su
hacienda y había adquirido un lingote de oro lo enterró
en un lugar (y al tiempo sepultó allí su propia alma y
su mente) e iba allí todos los días a mirarlo. Un
trabajador que le había observado de cerca y había
comprendido lo que pasaba desenterró el lingote y se
lo llevó. Cuando el otro volvió y vio el lugar vacío,
comenzó a lamentarse y mesarse los cabellos. Uno, al
ver cómo se lamentaba y enterarse de la causa, dijo:
«¡Eh tú!, no te desanimes así, pues, cuando lo tenías,
tampoco tenías el oro. Así pues, coge una piedra en
vez de oro, pónla y piensa que tienes el oro, pues te
colmará del mismo provecho; porque, según veo,
cuando estaba el oro, tampoco hacías uso de su
posesión».
La fábula muestra que la posesión no es nada, si
con ella no va el uso.
hacienda y había adquirido un lingote de oro lo enterró
en un lugar (y al tiempo sepultó allí su propia alma y
su mente) e iba allí todos los días a mirarlo. Un
trabajador que le había observado de cerca y había
comprendido lo que pasaba desenterró el lingote y se
lo llevó. Cuando el otro volvió y vio el lugar vacío,
comenzó a lamentarse y mesarse los cabellos. Uno, al
ver cómo se lamentaba y enterarse de la causa, dijo:
«¡Eh tú!, no te desanimes así, pues, cuando lo tenías,
tampoco tenías el oro. Así pues, coge una piedra en
vez de oro, pónla y piensa que tienes el oro, pues te
colmará del mismo provecho; porque, según veo,
cuando estaba el oro, tampoco hacías uso de su
posesión».
La fábula muestra que la posesión no es nada, si
con ella no va el uso.
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El jinete calvo
Un calvo que se había puesto una peluca montaba a
caballo, El viento, al soplar, se la quitó; una gran risa
les dio a los que andaban por allí. Y aquél detuvo el
caballo y dijo: «¿Por qué es extraño que huyan de mí
unos pelos que no eran míos, que incluso abandonaron
al que los tenía, con quien nacieron?».
Que nadie se apene por la desgracia que le llegue,
porque lo que no obtuvo de la naturaleza al nacer, eso
tampoco permanece con él; pues vinimos desnudos,
desnudos también nos marcharemos.
caballo, El viento, al soplar, se la quitó; una gran risa
les dio a los que andaban por allí. Y aquél detuvo el
caballo y dijo: «¿Por qué es extraño que huyan de mí
unos pelos que no eran míos, que incluso abandonaron
al que los tenía, con quien nacieron?».
Que nadie se apene por la desgracia que le llegue,
porque lo que no obtuvo de la naturaleza al nacer, eso
tampoco permanece con él; pues vinimos desnudos,
desnudos también nos marcharemos.
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La cerda y la perra (sobre su fecundidad)
Una cerda y una perra disputaban acerca de su
fecundidad. Como la perra dijese que era la única de
los cuadrúpedos que paría tras muy breve gestación, la
cerda respondió: «Cuando digas eso, reconoce que los
pares ciegos».
La fábula muestra que no se juzgan las acciones por
su rapidez, sino por su perfección.
fecundidad. Como la perra dijese que era la única de
los cuadrúpedos que paría tras muy breve gestación, la
cerda respondió: «Cuando digas eso, reconoce que los
pares ciegos».
La fábula muestra que no se juzgan las acciones por
su rapidez, sino por su perfección.
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La hiena y la zorra
Dicen que las hienas, que cambian cado año su
naturaleza, unas veces son machos y otras hembras. Y
una hiena, al ver a una zorra, le reprochó que no se
acercara a ella, que quería ser su amiga. Y aquélla,
respondiendo, dijo: «No me lo reproches a mí, sino a
tu naturaleza, por la que ignoro si te he de tratar como
amiga o como amigo».
Contra un hombre ambiguo.
naturaleza, unas veces son machos y otras hembras. Y
una hiena, al ver a una zorra, le reprochó que no se
acercara a ella, que quería ser su amiga. Y aquélla,
respondiendo, dijo: «No me lo reproches a mí, sino a
tu naturaleza, por la que ignoro si te he de tratar como
amiga o como amigo».
Contra un hombre ambiguo.
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Las hienas
Dicen que las hienas cambian cada año su
naturaleza y que unas veces se hacen machos y otras
hembras. Y en cierta ocasión, una hiena macho montó
contra natura a una hembra. Ésta, tomando la palabra,
dijo: «Pero, amigo, hazlo así, que pronto te pasará lo
mismo».
Naturalmente podría decirse esto contra el que
ejerce un mando despótico sobre quien le va a sustituir
de inmediato en el mismo.
naturaleza y que unas veces se hacen machos y otras
hembras. Y en cierta ocasión, una hiena macho montó
contra natura a una hembra. Ésta, tomando la palabra,
dijo: «Pero, amigo, hazlo así, que pronto te pasará lo
mismo».
Naturalmente podría decirse esto contra el que
ejerce un mando despótico sobre quien le va a sustituir
de inmediato en el mismo.
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