domingo, 7 de enero de 2018

El león, Prometeo y el elefante

Un león reprochó a Prometeo muchas veces que le
había modelado grande y hermoso, y le había equipado
la mandíbula con dientes, le había fortalecido las patas
con las garras y le había hecho más poderoso que las
demás fieras. «Pero, aun así —decía—, temo al gallo.»
Y Prometeo dijo: «¿Por qué me culpas sin motivo?
Pues recibiste de mí todo lo que podía modelar, pero tu
alma es cobarde sólo con respecto a eso». Entonces el
león se lamentaba y se reprochaba su cobardía y hasta
quería morir. Con tal ánimo se encontró a un elefante y
llamándole se detuvo a charlar. Y, al ver que sus orejas
se movían continuamente, dijo: «¿Qué te pasa?, ¿por
qué tu oreja no permanece quieta ni un momento?». Y
el elefante, mientras que por casualidad revoloteaba a
su alrededor un mosquito, dijo: «¿Ves esa cosa
pequeña, la que zumba? Si se mete en el orificio de mi
oreja, estoy muerto». Y el león dijo: «¿Por qué, pues,
he de morir si soy tal y más afortunado que el elefante
en la medida en que el gallo es más fuerte que un
mosquito?».
¿Ves cuánta fuerza tiene el mosquito como para
incluso causar temor a un elefante?

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