Una tortuga y una liebre discutían sobre su rapidez.
Y, tras fijar fecha y lugar, se separaron. Así pues, la
liebre, despreocupándose de la carrera, confiada en su
rapidez natural, se echó junto al camino y se puso a
dormir. La tortuga, consciente de su propia lentitud, no
dejó de correr y así, sobrepasando a la liebre que
dormía, alcanzó el premio de la victoria.
La fábula muestra que muchas veces el trabajo
vence a una naturaleza despreocupada.
domingo, 7 de enero de 2018
La tortuga y el águila.
Una tortuga pidió a un águila que le enseñara a
volar. Aunque ésta le advirtió que eso excedía a su
naturaleza, aquélla insistió en su petición. Así pues, la
cogió con sus garras y se la llevó a las alturas, luego la
soltó. La tortuga cayó sobre una roca y se destrozó.
La fábula muestra que muchos se dañan a sí
mismos por no hacer caso, en su afán de porfiar, a los
más prudentes.
volar. Aunque ésta le advirtió que eso excedía a su
naturaleza, aquélla insistió en su petición. Así pues, la
cogió con sus garras y se la llevó a las alturas, luego la
soltó. La tortuga cayó sobre una roca y se destrozó.
La fábula muestra que muchos se dañan a sí
mismos por no hacer caso, en su afán de porfiar, a los
más prudentes.
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Fábulas de Esopo,
Fábulas de Esopo (Gredos)
La golondrina que presumía y la corneja
La golondrina dijo a la corneja: «Yo soy virgen y
ateniense, princesa e hija del rey de Atenas» y añadió
el episodio de Tereo, la violación y la amputación de la
lengua. Y la corneja dijo: «¿Qué habrías hecho si
hubieras tenido lengua, cuando hablas tanto con la
lengua cortada?».
Los que presumen de palabra, ellos mismos, al
mentir, se contradicen.
ateniense, princesa e hija del rey de Atenas» y añadió
el episodio de Tereo, la violación y la amputación de la
lengua. Y la corneja dijo: «¿Qué habrías hecho si
hubieras tenido lengua, cuando hablas tanto con la
lengua cortada?».
Los que presumen de palabra, ellos mismos, al
mentir, se contradicen.
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Fábulas de Esopo,
Fábulas de Esopo (Gredos)
La golondrina y los pájaros
Nada más brotar el muérdago, una golondrina se
dio cuenta del riesgo que amenazaba a las aves y,
habiendo reunido a todos los pájaros, les aconsejó que,
mejor que nada, cortasen las encinas donde se produce
el muérdago; y si eso no les era posible, que se
refugiasen en los hombres y les suplicasen que no
utilizaran el poder del muérdago para capturarlos.
Riéndose éstos de sus tonterías, ella se fue a suplicar
ayuda a los hombres. Éstos la acogieron por su
sagacidad y hasta la aceptaron como convecina. Así
ocurrió que los hombres cazan y se comen a los
restantes pájaros, pero sólo la golondrina, como
protegida, anidaba sin miedo en sus casas.
La fábula muestra que los que prevén el porvenir
naturalmente apartan de sí los peligros.
dio cuenta del riesgo que amenazaba a las aves y,
habiendo reunido a todos los pájaros, les aconsejó que,
mejor que nada, cortasen las encinas donde se produce
el muérdago; y si eso no les era posible, que se
refugiasen en los hombres y les suplicasen que no
utilizaran el poder del muérdago para capturarlos.
Riéndose éstos de sus tonterías, ella se fue a suplicar
ayuda a los hombres. Éstos la acogieron por su
sagacidad y hasta la aceptaron como convecina. Así
ocurrió que los hombres cazan y se comen a los
restantes pájaros, pero sólo la golondrina, como
protegida, anidaba sin miedo en sus casas.
La fábula muestra que los que prevén el porvenir
naturalmente apartan de sí los peligros.
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Fábulas de Esopo,
Fábulas de Esopo (Gredos)
La golondrina y la corneja que disputaban sobre su belleza
Una golondrina y una corneja disputaban sobre su
belleza. La corneja tomó la palabra y le dijo: «Tu
belleza florece en la estación primaveral; mi cuerpo, en
cambio, se mantiene en perfecta forma incluso en
invierno».
La fábula muestra que la larga duración del cuerpo
es mejor que su belleza.
belleza. La corneja tomó la palabra y le dijo: «Tu
belleza florece en la estación primaveral; mi cuerpo, en
cambio, se mantiene en perfecta forma incluso en
invierno».
La fábula muestra que la larga duración del cuerpo
es mejor que su belleza.
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Fábulas de Esopo,
Fábulas de Esopo (Gredos)
La golondrina y la serpiente
Una golondrina que había anidado en un tribunal
echó a volar; una serpiente, deslizándose, devoró a sus
crías. Al regresar aquélla y encontrar el nido vacío se
lamentaba con gran dolor. Otra golondrina intentó
consolarla y le dijo que no era ella la primera que
había perdido sus crías; la otra le contestó: «No lloro
tanto por mis hijos como porque me han agraviado en
este lugar en el que logran ayuda los que reciben
agravios».
La fábula muestra que muchas veces son más
difíciles las desgracias para los que las sufren cuando
son provocadas por quienes menos lo esperan.
echó a volar; una serpiente, deslizándose, devoró a sus
crías. Al regresar aquélla y encontrar el nido vacío se
lamentaba con gran dolor. Otra golondrina intentó
consolarla y le dijo que no era ella la primera que
había perdido sus crías; la otra le contestó: «No lloro
tanto por mis hijos como porque me han agraviado en
este lugar en el que logran ayuda los que reciben
agravios».
La fábula muestra que muchas veces son más
difíciles las desgracias para los que las sufren cuando
son provocadas por quienes menos lo esperan.
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Fábulas de Esopo,
Fábulas de Esopo (Gredos)
El invierno y la primavera
El invierno se burló de la primavera y le echó en
cara que en cuanto aparecía ya nadie estaba tranquilo,
sino que el uno iba a los prados y bosques, al que le
era grato cortar flores y lirios o incluso mecer una rosa
ante sus ojos y ponérsela en el pelo; otro, subiendo en
una nave y surcando el mar, va, si se tercia, a ver a
otros hombres; y que ya nadie se preocupa de los
vientos o de la mucha agua de las lluvias. «Yo —
dijo— me parezco a un jefe y a un soberano y ordeno
mirar no al cielo, sino hacia abajo, hacia el suelo y
obligo a tener miedo y a temblar y, a veces, a pasar el
día en casa a gusto.» «Por eso —dijo la primavera—
los hombres gustosamente se librarían de ti; de mí, en
cambio, incluso el propio nombre les parece que es
hermoso, y ¡por Zeus!, el más hermoso de los
nombres, de modo que cuando me voy me añoran y
están flamantes cuando aparezco.»
cara que en cuanto aparecía ya nadie estaba tranquilo,
sino que el uno iba a los prados y bosques, al que le
era grato cortar flores y lirios o incluso mecer una rosa
ante sus ojos y ponérsela en el pelo; otro, subiendo en
una nave y surcando el mar, va, si se tercia, a ver a
otros hombres; y que ya nadie se preocupa de los
vientos o de la mucha agua de las lluvias. «Yo —
dijo— me parezco a un jefe y a un soberano y ordeno
mirar no al cielo, sino hacia abajo, hacia el suelo y
obligo a tener miedo y a temblar y, a veces, a pasar el
día en casa a gusto.» «Por eso —dijo la primavera—
los hombres gustosamente se librarían de ti; de mí, en
cambio, incluso el propio nombre les parece que es
hermoso, y ¡por Zeus!, el más hermoso de los
nombres, de modo que cuando me voy me añoran y
están flamantes cuando aparezco.»
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